Desde aquí hemos comentado grandes desfiles que nos han llamado la atención de la Semana de la Moda Madrileña. Hicimos mención especial a nuestro gran diseñador David Delfín por el espectáculo llevadoacaboenel escenario. Y ahora ha llegado el momento del diseñador de lencería Andrés Sarda.
Desde mi punto de vista siempre ha sido uno de los grandes de la jornada “cibelina”. Para mí, uno o el más de los grandes. Su estética y forma de vestir a la mujer son impresionantes.
En esta colección la directora creativa, Nuria Sarda, ha llevado a escena dos motivos. Por un lado las piezas icónicas que han marcado la trayectoria de la firma, como homenaje a los 50 años en el mundo de la moda. Con estas prendas, Sarda intenta transmitir al público el espíritu que ha caracterizado a la marca desde los años sesenta hasta día de hoy. Por otro lado, no quiso que la colección se quedara en un mero “recuerdo” y transformó la pasarela en el universo del baile. 4 bailes que marcaron el territorio a través de diferentes prendas que destacaban por los materiales preciosos y el movimiento de sus tejidos destacando así la belleza y el cuerpo de la mujer.Algunas de sus prendas más destacadas que quiso resaltar la firma fueron los bodys transparentes, los sujetadores con tirantes de seda, las altas cinturas de las braguitas, los tops de perlas y el gran body con encaje de lana de cashemire propio de los años noventa.
El invierno de 2012/2013 viene cargado de magia. Su nueva colección se mueve al ritmo de “Dance with me”. Los bailes latinos, llevaban flecos negros que se movían al son de los pasos de las modelos. Los sujetadores brillaban con cristales de Swarovski con mini bragas repletas de plumas.
El famenquito español aparecía con grandes mantillas, peinetas en la cabeza de las guapísimas modelos y guantes a la altura del codo. El diseñador revivía los años 90 cambiando radicalmente de estilo y metiéndose de lleno con sujetadores push up y grandes encajes que hacen lo que comúnmente se dice “una mujer sexy”.
La naturaleza y sus grandes colores inspiraban a Andrés Sarda para establecer su paleta cromática. Los verdes matizados, grandes y profundos azules que daban lugar a tonos tierras y minerales decorados con piedras que resaltaban con las luces de los focos de Ifema.
Para terminar, el baile tuvo como colofón final el vestido de novia. De un blanco impoluto, con gran escote y en palabra de honor, se fundía una modelo que lucía una de las piezas más impresionantes de toda la colección.
Sarda, demostró un año más, que es capaz de poner a todos los fashionistas en pie.

