Estamos expuestos de manera continua a anuncios publicitarios. Se dice que aproximadamente a unos 250 impactos publicitarios al día, de los cuales solo captamos una mínima parte de ellos y muy pocosnosinducenacomprar.
Sin embargo, a todos nos llaman la atención esa imaginación con la que se prestan los mensajes, lo que ofrecen, ese estereotipo de mujer que marca fronteras y las armas de seducción que presentan para captar la atención de todos los espectadores.
Han existido campañas de publicidad que no dejan indiferente al público. Diversas marcas de moda apuestan por lo transgresor, la seducción, la autoestima e incluso el éxito y aceptación en la sociedad.
Top models y grandes celebridades son las que inundan las pantallas con campañas memorables. Una de ellas fue Nicole Kidman presentando Chanel N5.
Fue un perfume creado por Ernest Beaux en 1921. Recibe su nombre porque finalmente fue la quinta esencia la que agradó a la mismísima Coco y al propio artífice del perfume. Un packaging en blanco y negro, sorprendía con la majestuosidad del propio anuncio. Sin duda, sorprendió con una estética novedosa y una elegancia suprema.
Era en 2004 cuando la famosa Nicole Kidman nos sometía a una gran historia de amor llena de romanticismo. Este anuncio tuvo un despliegue de marketing valorado en unos diez millones de dólares. Nadie puede olvidar el famoso vestido de la protagonista lleno de plumas, en un ambiente parisino que derrocha glamour, elegancia y sofisticación en el Moulin Rouge. Mucho dinero pero sin duda muy bien invertido. Su recuerdo perdura en la mente de muchos consumidores alcanzando un éxito triunfal.
Si Chanel consiguió un éxito rotundo, quien no podía ser menos es Loewe. Una de sus campañas estrellas fue el lanzamiento de su perfume masculino “7”. Cayetano Rivera Ordoñez protagonizaba una fragancia caracterizada por sus siete componentes. Eran estos los que daban nombre al perfume. Simbolizaba los días de la semana, las maravillas del mundo, el número de océanos, los siete colores del arco iris, los pecados y las virtudes.
Normalmente las marcas de lujo se decantan por imitar a un ídolo. Ese líder de opinión, que en este caso es un famoso torero o una reconocida actriz, utilizan un perfume como símbolo de ciertos valores que todos los seres humanos desearíamos tener.
La sensualidad y la seducción se reúnen en campañas que se retienen en nuestra cabeza por los valores que transmiten.
Han sido numerosas las marcas que recurren a este tipo de publicidad para que sus anuncios no queden en el olvido. Benetton o Dolçe & Gabbana son expertos en este tipo de publicidad. Muchas de sus campañas han tenido que ser retiradas del mercado por aportar ciertos valores que van mucho más allá de lo permitido.
Dos anuncios que incitan desmesuradamente al sexo y que crearon gran controversia en el público fueron los de Tom Ford y Gucci. Tom Ford anuncia una colonia entre las piernas de una mujer (2007) y Gucci en el año 2003 da rienda suelta a su imaginación colocando a Carmen Kass bajándose la ropa interior y dejando al descubierto sus partes íntimas que simulan una “G” de Gucci.
Otros fueron muy debatidos en el momento y a su vez olvidados porque aparecieron nuevas campañas mucho más discutibles.
Quizás, un buen ejemplo sería la campaña de Opium de Yves Saint Laurent. El opio, como droga de la lujuria y un cuerpo blanco, impoluto, limpio y casi virginal que rompe pecando con la postura sexual de la modelo que se prepara para recibir la fabulosa esencia del perfume. Sisley fue otra marca que quiso mostrar la obsesión que puede marcar la moda. Un consumo incontrolado que hace que nos volvamos adictas a la moda.


