En este blog se le han dado muchos palos a Diego Forlán. Y como vivimos en una sociedad abierta y democrática, me han invitado a que de mi opinión sobre todo lo que rodea al uruguayo durante losúltimostiempos. Allá vamos. Toda la polémica en torno al jugador uruguayo me parece que se plantea desde un sentido equivocado. La mayoría de sus detractores le critican amparándose en el “sentimiento atlético”. Pues bien, ese sentimiento no está en Forlán ni lo estará jamás. Al menos, en la forma en la que aficionados o periodistas del Atlético tanto se empecinan en mencionar.
Forlán es un jugador de fútbol. Si quieren decirlo, un mercenario. A mí no me gusta ese apelativo porque me parece que lleva implícito una carga negativa, como de alguien que sólo se mueve por el dinero. Y tampoco creo que sea el caso. Forlán no es más que otro jugador de fútbol cuyo objetivo es ganar el mayor número de títulos posible, jugar en el mejor equipo posible y, por que no decirlo, ganar la mayor cantidad de dinero posible. Yo diría que en ese orden. Me puedo equivocar. El uruguayo tiene 31 años. Llegó al Atlético en 2007. Pongamos que sale del club en 2011. Forlán habrá vivido 27 años de su vida sin ningún apego al “sentimiento atlético”. Y vivirá otros treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta años sin el mismo, si es que sale del club este verano. Suena duro, pero es así. No es un canterano que lleve toda la vida en el club. Ni siquiera un jugador que lleve muchos años en el equipo o que se haya hecho quien es gracias al Atlético. Quien se quiera encerrar en los motivos de un sentimiento (que diría Sabina) estará viviendo en un mundo utópico y no el mundo del fútbol actual.
Por eso me cuesta tan poco ponerme en la piel de Forlán. El delantero llegó al Atlético después de haber jugado en el Manchester United y el Villarreal. Dos equipos superiores al conjunto colchonero si tomamos como referencia la actualidad futbolística y no la historia. Lo hizo después de haber ganado una Bota de Oro al máximo goleador de las ligas europeas. Hace poco se tergiversaron unas declaraciones en las que Forlán venía a decir que no le debía nada al conjunto colchonero. No deja de ser cierto. Forlán ya tenía un nombre entre la elite del fútbol y, siendo sinceros, no creo que el hecho de haber jugado en el Atlético le haya encumbrado como futbolista. Es cierto que como jugador rojiblanco ha ganado otra Bota de Oro. Y la UEFA Europa League y la Supercopa europea. Pero en serio alguien cree que estas competiciones tienen algún tipo de repercusión más allá de la afición del equipo que la gana?
Por contra, fijémonos en lo que ha tenido que “soportar” Forlán desde que llegó al conjunto colchonero, sobre todo en los últimos tiempos. Después de clasificarse dos años seguidos para la Champions (el Atlético llevaba diez años sin conseguirlo), en verano de 2009 ve como su equipo, con una plantilla corta, vende a uno de sus defensas titulares, Heitinga, fuera del plazo de fichajes, por lo que no se puede reforzar. En verano de 2010, después de los títulos europeos, vende a Jurado también casi a última hora. Los refuerzos que van llegando son jugadores del tipo Fabiano Eller, Cléber Santana, Diego Costa, Fran Mérida o Elías. Iniciada esta temporada, ve como su pareja ofensiva, Agüero, renueva por el conjunto colchonero, pero viendo reducida considerablemente su cláusula de rescisión. Todo esto es culpa de unos pésimos gestores. A qué jugador con algo de ambición por ganar títulos no se le caería la moral por los suelos al verse dentro de esta espiral de autodestrucción?
La afición, por otro lado, no ha estado siempre de su parte que dígamos. A base de goles consigue ganarse su cariño, pero cada vez que se sincera y declara que ambiciona con jugar en un equipo que aspire a ganarlo todo (sin despreciar a su actual club), le tildan poco menos que de pesetero y mercenario. No creo que Forlán sea pesetero porque veo complicado que alguna entidad le pague el sueldo que cobra en Madrid: casi cuatro millones de euros netos más la explotación de todos sus derechos de imagen. Si fuese por dinero, Forlán se quedaría encantado en el Vicente Calderón. El problema, a lo mejor, es de motivación. Aquí se ve en un equipo decaído, donde además, no tiene competencia por un puesto en el once. Tendría que perder una pierna, tanto él como el Kun, para que alguno de los delanteros suplentes le sentase en el banquillo. Ante este panorama, veo absolutamente normal que el chico se quiera marchar. Recuerden, Diego Forlán nació en Montevideo (Uruguay) y no en la ribera del Manzanares. Igual que vino, se marchará, como ya hicieron antes Hugo Sánchez, Vieri, Hasselbaink o incluso Fernando Torres. Y como se irá Agüero. Las razones de su marcha las deben buscar en las oficinas del Calderón y no en el “sentimiento atlético” de Forlán.


