Parte de la afición del Atlético sugirió al técnico portugués del Real Madrid, José Mourinho, que se muriese, tanto en el partido de Liga contra el Mallorca del lunes, como en el duelo de CopadelRey de anoche. Pues bien, después del duelo entre los dos equipos madrileños, lo único que ha muerto es el sueño de la afición atlética de conquistar algún título esta temporada. Estamos en pleno mes de enero y parece ser que lo único por lo que va a poder luchar el equipo colchonero en los casi seis meses que quedan de temporada va a ser por entrar en la Europa League, ya que los puestos Champions están a siete puntos y mucho va a tener que cambiar la imagen del equipo para sobrepasar al Valencia.
El partido apenas tuvo historia porque la eliminatoria quedó zanjada con el error defensivo de Filipe en el tiempo de descuento del partido de ida. Aquel gol, el 3-1, le dio un colchón al Real Madrid y mató al Atlético. Los rojiblancos, además, ni siquiera mostraron un atisbo de garra en los primeros minutos del encuentro de vuelta que hubiese encendido aún más los ánimos de su afición. El gol de Cristiano Ronaldo en el minuto 23 tras una magnífica jugada colectiva de los blancos fue la puntilla definitiva a la eliminatoria. El marcador ya no se movió y el partido fue aburrido, tirando a soporífero.
Lo único destacable se produjo fuera de los terrenos de juego. Viendo a su equipo eliminado, parte de la afición colchonera se dedicó más a proseguir con los cánticos contra Mourinho, deseándole la muerte, contra Cristiano Ronaldo o contra Sevilla; por decir algunos. Luego se indignarían cuando el portugués les mandó callar al anotar el 0-1. Así somos los españoles. Insultamos lo que queremos, pero cuando nos cierran la boca, nos exaltamos ante la falta de educación del otro. Hipocresía en estado puro. Al carro se sumaría después el “presidente” del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, cuando ante los micrófonos de Canal Plus justificó los cánticos de sus aficionados diciendo que son gritos que se oyen en todos los campos de España. Que una afición coree “Mourinho, muérete”, está mal. Pero que un presidente no lo condene es indignante.
En todo el tema del fair play también había aportado su granito de arena el entrenador del equipo rojiblanco, Quique Sánchez Flores. El día del partido frente al Mallorca, el árbitro incluyó los cánticos de los que venimos hablando en la redacción del acta. En rueda de prensa, Quique no sólo desaprovechó una oportunidad inmejorable para quedar como un señor censurando dicha coletilla, sino que dijo que no los había oído y que estaba con su afición a muerte. Pues bien, esperemos que el señor Sánchez Flores también esté de acuerdo con su afición cuando los cánticos de “Mourinho, muérete” se conviertan en “Quique, vete ya” porque al paso que lleva el equipo, no tardarán mucho en empezar a resonar por el Vicente Calderón.
Por su parte, José Mourinho se dedicó a no meter el dedo en la llaga y rehusó entrar en la polémica de los dichosos cánticos en su comparecencia ante los medios de comunicación. Algo que sorprendería a todos aquellos que catalogan al entrenador portugués poco menos que como la reencarnación del diablo en la Tierra. El Atlético tiene un serio problema y no es Mourinho. La afición haría bien en darse cuenta de una vez que en los últimos años han pasado de ser el tercer equipo de España a ser el séptimo o el octavo. La temporada pasada, con la consecución de la Europa League y la final de Copa, fue un espejismo. Este año han vuelto a la realidad del último decenio: eliminados en Copa, fuera de la competición europea en la que defendían título a las primeras de cambio y peleando por la sexta posición en Liga. Este nos es el Atlético de sus primeros noventa años de vida. Este es el Atlético de los Gil y Cerezo. Cambiar su historia está en la mano de todos los que ayer se dedicaban a aconsejar a Mourinho que pasase a mejor vida.


