Cómo le puede cambiar la vida a un jugador la llegada de otro compañero. En el mercado invernal, el Real Madrid se reforzaba con el togolés Adebayor y la sensación era que Benzema sería carne debanquillodurante el resto de la temporada. El francés daba la sensación de tener horchata en las venas y la llegada de competencia suponía un motivo más para no creer en él. Pero lo cierto es que se ha crecido y ha sido él quien ha sacado al Madrid de apuros en los últimos partidos. Anoche volvió a ocurrir lo mismo.
El conjunto madridista recibía al Hércules con la mirada puesta en el duelo del miércoles frente al Lyon. Ronaldo y Carvalho se habían quedado en la grada y otros titulares, como Xabi Alonso o Pepe, fueron suplentes. El rival llegaba con sólo tres goles anotados a domicilio y una única victoria, curiosamente en el Camp Nou, campo del líder. Además, sus mejores hombres no eran de la partida: Tote y Trezeguet, lesionados; Nelson Valdez (autor de todos los goles visitantes de su equipo) en el banquillo y Drenthe, al que ya no esperan por Alicante después de su fulgurante inicio de temporada.
Los que profetizaban después del magnífico primer tiempo en Santander que el problema de que el Madrid no desplegase un jogo bonito era la presencia de Ronaldo en el equipo, se encontraron con la cruda realidad. Faltó Xabi Alonso y el juego fue cansino hasta que se abrió la lata. Los blancos jugaron con mucha paciencia, eso sí; sin ponerse nerviosos. Pocos balonazos, lo cual siempre es de agradecer. Pero en la medular se notaba la ausencia del timón del equipo y faltó clarividencia para romper la poblada defensa herculana.
El primer gol llegó en una genialidad de Özil. El alemán metió un pase medido a Arbeloa. Este ganó la línea de fondo y cedió atrás para que Benzema sólo la tuviese que empujar. Gol de la tranquilidad. En esos momentos, el Hércules demostró la mayor carencia de este Madrid: sus problemas en la recuperación de balón. Es la diferencia entre muchos equipos y el Barça. Los blancos no roban balones en campo contrario, sufren mucho y se tienen que replegar. Eso conlleva, además del cansancio acumulado, exponerse más a los ataques del rival (y tener menos opciones de ataque). El Hércules desperdició sus dos ocasiones más claras: un disparo de Thomert y otro de Kiko, tras buena jugada individual, ambos evitados por Casillas.
El segundo tiempo siguió por los mismos derroteros, con un Hércules menos voluntarioso si cabe. Llegó el segundo gol y el partido se murió. Benzema definió una jugada de manera individual, tras error de Abraham Paz. El francés recordó al de su época en Lyon, con un gol calcado a muchos que metió en Francia. Recibió en su perfil izquierdo, encaró al defensa, se perfiló hacia su derecha y definió maravillosamente, ajustado al palo. A partir de ahí, el partido ya no tuvo historia. El Madrid comenzó a ahorrar energías pensando en la Champions y el Hércules estuvo encantado de no salir goleado.
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