La alarma saltó ayer en el Camp Nou: el delegado de la UEFA en el partido de ida que enfrentó a los azulgranas contra el Shakhtar Donetsk había solicitado al organismo la sanción por un partido adicionalaAndrés Iniesta. El centrocampista manchego forzó la tarjeta amarilla para cumplir el ciclo de amonestaciones, perderse el partido de vuelta por sanción y llegar libre a las dos últimas rondas de la competición.
Esta parece ser la temporada en que las amarillas forzadas para cumplir sanción son el tema de polémica. Algo que se ha hecho toda la vida, o al menos desde que se implantó la normativa de acumulación de tarjetas para sancionar a un jugador, ha sido analizado con lupa desde que el Real Madrid forzase las expulsiones de Sergio Ramos y Xabi Alonso. Entonces, ambos jugadores fueron sancionados económicamente y el entrenador madridista, José Mourinho, tuvo que cumplir un encuentro de sanción por, supuestamente, ser el mentor de la iniciativa.
Ahora, lo mismo ha ocurrido con Iniesta, que sin embargo saldrá impune de su acción, ya que ni siquiera va a recibir una multa económica. Quizás lo que debería hacer la UEFA es revisar su normativa de amonestaciones, puesto que bastante mal hace un jugador a su equipo viendo una amonestación o siendo expulsado de un partido como para que, si su conducta no ha sido violenta, no pueda ejercer su profesión en el siguiente partido por una ley que se colocó para intentar evitar el exceso de faltas pero que parece que al final lo único que hace es molestar a los clubes y a los jugadores.
Al menos, por una vez, parece que el organismo futbolístico ha actuado con algo de sensatez y ha dejado en nada el intento de reprimenda de Reinhard Walser, el presidente de la Federación de Liechtenstein y delegado UEFA para el partido mencionado, quien quizás haya querido tener un exceso de protagonismo armando todo este jaleo para nada.
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